Biografía
Luna llegó a casa una tarde de primavera, pequeña, curiosa y con unas orejas demasiado grandes para su cuerpo. Desde el primer día encontró su sitio en la familia: primero en el sofá, después en cada paseo, y finalmente en todos los recuerdos importantes.
Durante trece años acompañó cumpleaños, mudanzas, tardes de lluvia, siestas al sol y momentos difíciles. Tenía una forma especial de acercarse cuando alguien estaba triste, apoyando la cabeza en las piernas como si entendiera perfectamente lo que pasaba. Y quizá lo entendía.
Le encantaban los paseos tranquilos, dormir cerca de la ventana, perseguir hojas en otoño y recibir a todos moviendo la cola como si cada regreso fuera una celebración. También tenía sus pequeñas manías: esconder juguetes debajo de la manta, pedir pan aunque ya hubiera cenado y elegir siempre el sitio más cómodo de la casa.
Luna no fue “solo una mascota”. Fue compañía, alegría diaria y una presencia constante. Su recuerdo sigue vivo en las personas que la quisieron, en las fotos, en las historias que aún se cuentan y en ese rincón del jardín donde tantas veces descansó al sol.
Gracias, Lunita, por todo el amor que diste sin pedir nada a cambio.
Libro de Firmas
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